Dos personas cualquiera, una noche cualquiera, hablan. “Tengo una pregunta”, dice una: “¿el New Beetle es un auto de hombre o de mujer?”. “¡De mujer, claramente!” dice la otra, ante tamaña obviedad. ¿Obviedad?
Hay cosas que nos definen, tanto como personas como parte de grupos de personas. Siempre pienso que las cosas tienen que ser más complejas, porque las personas son diferentes, todas únicas e irrepetibles… no? Pero ante un pregunta como esa, la respuesta surge inmediatamente. No importa realmente si efectivamente hay más mujeres manejando escarabajines, la cosa no funciona por estadísticas en estos menesteres.
Si yo preguntara a un grupo de personas sobre bebidas y pidiera que me dijeran a que género pertenecen un Daikiri y un Fernet-cola, tengo la sensación que la mayoría pondría del lado de las chicas el primero y de los muchachotes el segundo. ¿Esto quiere decir que los hombres no toman Daikiris? La respuesta sería un rotundo no.
Pero qué es lo que lleva a catalogar las cosas de esa manera. Parecen como sensaciones compartidas, que salen a flote, con polémicas o no, en una charla de copas. Parecen, tal vez, los detalles que aunan a los grupos humanos. Así será, y los punkies, los darkies, los metaleros, los hardcore; se juntarán, y detalles los definirán.
Hoy en día, veo que los detalles que definían en el pasado a estas tribus rockeras se han ido trastocando. En parte, porque uno pertenece ya a tantos grupos de pertenencia, que pierde un poco la noción de que rol está jugando. Y al perderla, la identidad se redefine y los géneros se trasgreden. Pasa en la vida. Pasa en el Rock.
Es cosa de vida postmoderna. Podría preguntarme ahora si esto es bueno… si es malo. Por una parte podría regocijarme en el hecho de vivir en una vida donde uno moldea su identidad, donde uno no se casa con nada, donde el ser “metalero” no tiene que ser un estilo de vida. Pero donde está esas cosas que me encuentran con la gente de mi palo. Esos detalles que identifican a los que son como yo. Dónde, si los cuernitos los veo hasta en los recitales de Miranda.
Que complicada parece la vida posmoderna. Quien lea, tal vez podrá mostrar que cosas definen a estos grupos, a estas tribus y otras. Tal vez, ahí nos encontremos con más diferencias que coincidencias. Por ahora, me planto en terreno seguro, en esas coincidencias que parecen surgir de la nada misma. Sé que es lo complejo lo que abunda, pero que lindo es encontrarme en cosas simples como el Fernet con cola.


El robo a Castoriadis, bien disimulado amigo. No tengo nada inteligente que dejarte porque se ve que no soy de la tribu de los intelectos vivaces, sino de la de los quemados ñoños!
Si te presto un viejo poema:
Transeunte
Contribuyente
Estudiante
Oyente
Hija
Nieta
Madre?
Ciudadana
Circulante
Política
Consumista
Amante
Infiel
Niña
Adulta
Fuerza de trabajo
Leida
Lectora
Cuadrada/ redonda
Brotada
Derramada
Organismo
Aparato circulatorio
Insistencia sanguínea
Ritmo
Sustanciosa
Adicta
Lamible
Decible
Interminable
Individua
Todas las A de un genero
Ni siquiera androgina
Trasparente
Inmensa
Viviente
Muerta/o
Todo lo que no siento
Todo lo que nombro
Todo lo que fue
La delgada liquidez de mi cornea
La paz de mi pupila
Las lineas que me estiran y me contraen
El “me” que designa y acorrala
Todas las luchas inútiles, las seducciones, el placer en el “me”
La ilusion, la ansiada especularidad
Cierta angustia euforizada euforizante
El sol que no saldra mañana
El retorcimiento agonico de lo gramatical
Los contenidos continentes