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Scars on Broadway: Scars on Broadway

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Año de edición: 2008
Duración:45:04
Sello: Universal
Edición nacional: Sí
Puntaje: 7
La frase: “Locura / Tengo miedo / Miro alrededor y no hay nadie / Cuando te diga ‘hagamos mierda el mundo’ preparate para rockear / Mientras te meo la cara al mismo tiempo que me la chupás” (en Chemicals)

¡Aahhh! ¡System of a Down se volvió emo! Evidentemente, con la muerte del Nü Metal lejos de ser una novedad cada pionero del género fue tomando su ruta. Korn se volvió emo, Disturbed se volvió metalero, Serj Tankian se volvió emo, los ex Coal Chamber se volvieron metaleros, Linkin Park se volvió emo, Deaftones se volvió metalero, y otros simplemente desaparecieron (un saludo para los que se acuerdan de Limp Bizkit, Papa Roach, Orgy, etcétera).

Los ex SOAD Daron Malakian y John Dolmayan decidieron explotar las excelentes virtudes compositivas e interpretativas de Daron y fueron para el lado cancionero, mucho menos delirante y extremo que la banda que los llevó a la fama. Scars on Broadway es un disco con poca distorsión y muy accesible, lo cual es bueno en un sentido, porque lograron despegarse de los aires de System mucho más que Serj en su solista, y malo en otro, porque se hecha mucho de menos el toque grind que le ponía Daron a la voz, especialmente en Mesmerize / Hypnotize.

Esto hace que en algunos casos se desdibujen las líneas vocales y extrañemos a Tankian (por ejemplo, en Exploding-reloading, o Stoner hate). Desde lo instrumental, en cambio, el disco es muy rico, con una batería muy versátil, y algunos sintetizadores estratégicamente distribuidos que le dan a toda la obra un tono moderno y trabajado.

Entre el arte de tapa artie-comiquero, las reminiscencias de Franz Ferdinand evidentes cuando se escucha Enemy (sí, posta, aunque no lo crean) y un par de melodías más que pegadizas, Scars on Broadway hace que la comparación con System of a Down no tenga realmente demasiado sentido, a pesar de ser inevitable.

Por último, un par de menciones especiales: Chemicals tiene uno de los estribillos más pegadizos que escuché en el 2008. Y 3005, una especie de oda al fin del mundo pesimista y optimista al mismo tiempo, con un tono retorcido medio bluesero, es donde más se puede apreciar el potencial de Scars on Broadway. Esperamos el segundo, pues, a ver cómo Daron y John nos convencen de no volver a poner Toxicity con cara de “¡qué lástima que no los pude ver en vivo!”.

Nota por Nicolás Salvarrey

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